jueves, 17 de febrero de 2011

Y es que hay veces que hay que pasar por los recovecos del corazón, - y señores, no lo digo yo; lo dicen los que saben, que yo de cosas de amores, de sentimientos y de pasión bien poco sé- se trata, dicen, de ir buscando momentos de esos que mejor olvidar, y darles color y vida, y darles garra, y puñal, y fuerza, y sentimiento, porque nos guste o no, forman parte de nosotros, y al menos eso, nuestro pasado, es lo único que nunca podremos negarnos. Después, en el instante que dure el recoveco más oscuro, frío y casi olvidado… párate, y permítete llorar, disfruta de ese puro placer, no te preocupes por verte débil, no lo vas a hacer; sólo vas a sentir un escalofrío, ese que desciende por tus mejillas, que se enfría, que te recorre… que se va.

3 comentarios:

  1. Ojalá nunca me llegue el momento de ser débil; no lo soportaría. Un besote

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  2. Un abrazo de grande como el fin de semana:)

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